“En el mes del Bicentenario de nuestra Patria hagamos un homenaje a la imaginación moral y al aliento crítico de los hombres y mujeres que en estos dos siglos forjaron nuestra Nación.”
Cuando estamos en Ciudad de Mèxico tenemos la impresión que aquí comienza todo. Digo que aquí comienza la historia de Amèrica, la nuestra. Y la historia comienza con Hernán Cortés y los aztecas.
Esta es la ciudad construida sobre un lago, un lago que se fue rellenando para que hoy la habitaran veinticuatro millones de personas y hubiera avenidas cuya extensión superan los cuarenta kilòmetros, como Insurgentes. Llamada asi porque aquí està el punto de inicio para independizarse de España.
Y aquí, en Mèxico, España ya es un grito al olvido. Lo que cuenta es el pasado ancestral: sus pirámides, sus dioses, sus costumbres, su música, sus colores, su gastronomía, sus sabores, porque el mexicano, no obstante su diversidad ha sabido conservar su unidad, su sencillez, su calidad humana, su identidad. El contagio del vecino del norte no ha hecho mella en ello.
Los guías que nos van contando el pasado y el presente de Mèxico nos dejan en el Museo Nacional de Antropología e Historia, uno de los mas completos y espectaculares del mundo, donde la historia se nos presenta como un espejo didáctico que no requiere mayor explicación, todo està a la vista y a la mano.
En el Palacio de Bellas Artes, un palacio de luces y mármol, apreciamos las pinturas originales de sus grandes muralistas: Orozco, Rivera, Siqueiros y en
Los guías conocen varios idiomas y cuando narran la historia actual, la mas reciente, cada uno lo hace matizándola con la orientación de la formación cultural que recibieron. Entonces usted percibe asi que la cultura, siendo una en su origen, tiene orientaciones e interpretaciones: por eso, culturalmente, los hombres somos iguales pero diferentes. Y esta diferencia la que origina nuestra riqueza de pensamiento y sentimientos cuando visitamos en Taxco la iglesia de santa Prisca, construida hace doscientos años a un costo de cuatro millones de reales de oro, pagados por el dueño de las minas de plata mas grandes de aquel entonces, el francés José de
Iglesia de Santa Prisca cuya construcción duro apenas diez años, en Taxco, un pueblito de aspecto y recovecos coloniales enclavado entre colinas montañosas a pocas horas de Ciudad de Mèxico. De muchísima menor importancia en todo caso que
Y ¿que tiene Mèxico, que podemos aprender que nos sirva a nosotros los chilenos?. De
España es en Mèxico un grito al olvido, lo que cuenta es Mèxico, de principio a fin.
Y para nosotros, en nuestra Provincia del Ranco, cuyo destino turístico se hará realidad algún dia, deberemos ir aprendiendo que los guías se preparan: saben historia, geografía, sociología, tienen CULTURA. Y hablan mas de dos idiomas. Este es el camino que nos queda por andar en los espejos del tiempo que logremos construir.

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