Veníamos llegando de Colombia cuando nos sorprendió la liberación de Ingrid Betancourt .La forma en que se llevó a cabo la operación militar, apoyada por un servicio de inteligencia que me hizo recordar las tramas de John le Carrè,el autor de El espìa que surgiò del frìo, El topo, La gente de Smiley, etc. ¡ De película!
Ahora, lo de antes de la liberación de Ingrid.
Tres bombazos en Bogotá al amanecer nos hicieron recordar que estábamos de verdad en un país que por màs de cuarenta años vive una guerra interna. Militares en los viaductos y en sectores estratégicos de la ciudad nos daban señales ciertas del escenario. Y si vas al interior, a Santa Marta, por ejemplo donde fuimos nosotros, hay militares a lo largo de toda la carretera, a distancia, por supuesto. Armados.
¿ Y la gente? La gente hace su vida rápida, como si la emergencia y la vulnerabilidad de la existencia se hubieran instalado en su cotidianidad. Eso lo sientes. Lo percibes. Lo vives. En casi medio siglo de guerra interna, el colombiano ha aprendido que el límite entre la vida y la muerte es una línea muy volátil. Todo puede cambiar en cosa de segundos. Han aprendido a vivir en la incertidumbre. Todo, absolutamente todo allì es vulnerable. Asi, ¿ cómo no pensar en esos Cien años de Soledad y las guerras infinitas como inútiles de los Buendía, que nos cuenta Gabriel García Márquez en aquel libro maravilloso, equivalente en
En años en que el narcotráfico coptaba al Estado, con los principales carteles del mundo operando a full time, cuestión que instaló el término de la narcopolìtica, vigente aún, era difícil pensar què salida ‘democrática’ podría tener Colombia. Un virtual estado de guerra civil, con cientos de miles de desplazados y los capos de la mafia haciendo de las suyas, el panorama era realmente muy oscuro.
Actualmente, con Chávez en el escenario, el clima real no es de los mejores. Por la sencilla razón que Chávez en vez de dedicarse a gobernar Venezuela y utilizar mejor los cuantiosos recursos petroleros, se ha empeñado en una petropolìtica en el subcontinente con los resultados que todos conocemos. Nos preocupa en especial, a quienes vivimos en Venezuela, y tenemos por todos los venezolanos un respeto y amor muy profundos. La idea del enguerrillamiento para solucionar los problemas que tenemos en América Latina implica una concepción política añeja y fracasada. Se le pasó su cuarto de hora. La liberación de Ingrid es un resumen de lo que digo y es, què duda cabe, un duro golpe a la concepción chavista del desarrollo.
Tuve la oportunidad de encontrarme en Bogotá con un norteamericano que acababa de sacar a un profesional cubano de Venezuela, en una operación típica de la guerra fría. Ocasión en la cual recibí informaciones, de primera mano, de mi querida Venezuela y de lo que allì ocurre actualmente y de lo que podría venir en el futuro próximo. No hay que ser adivino para entender que algo allì va a ocurrir. Algunos amigos opinan que servicios de inteligencia norteamericanos e israelitas colaboraron en este exitoso operativo de rescate.
Si la realidad supera a la ficción, y siempre parece ser asi, les sugiero leer “ El Cartel de los Sapos”, de reciente aparición. Ello ayuda a entender un poco màs la compleja situación colombiana, donde la liberación de Ingrid Betancourt nos abre no sòlo una ventana, sino una amplia avenida hacia la libertad y la concordia, hacia la paz, todas tan necesarias para construir un país de hermanos. Y en mi concepto la libertad es lo primero, de allì que hoy ella se llame ¡Ingrid!



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